jueves, 27 de marzo de 2014


Traspiés gramaticales

Fashion, fashionista

En las páginas sociales de la prensa con frecuencia se utilizan los vocablos inglés fashion o el sustantivo fashionista, para hablar en un sentido u otro de las modas en el vestuario personal. Con ello se incurre en doble atentados contra el español; porque nuestra lengua, por una parte, cuenta con términos sencillos y claros para exponerse sobre el tema: moda, en el caso de fashion; y modisto(a) en lugar de fashionista.
Por igual podrían utilizarse con propiedad, tanto por sus semánticas como mayormente por su generalizado uso con esas ideas, diseño o diseñador(a).

Pero lo peor de todo esto es que al utilizar nuestros reporter@s sociales el extranjerismo fashionista para referirse a un modisto(a) o diseñador(a) de ropa, se desvían por completo de lo que pretender objetivizar o sustantibilizar, porque en ingles fashionist no significa modisto(a) o diseñador de ropa, o sea alguien profesional que trabaja para crear nuevos modelos de vestimentas, sino que lo que designa es a una persona sofisticada o apasionada de su propia apariencia personal. De ahí que si se discurre en la lengua de Shakespeare, podría decirse que tal abogado o tal deportista sea un fashionist.

Un chin chin más: No olvidéis que un diseñador(a) de ropa, de jardinería, de edificios, solamente es quien concibe y dibuja (diseña) el objetivo de lo que se trate, no quien confecciona o construye aquéllo. Eso es tarea de otros. ¿You know?  

 De la columna habitual de un avezado economista de la oposición

“La credibilidad de la política fiscal es fundamental para el crecimiento sostenido del PIB y la creación de empleos, ha sido la historia de Chile y en otros países de América Latina, basado en la ley de responsabilidad y transparencia fiscal. Aunque en República Dominicana no la tenemos, hay evidencias de que se sigue una regla para la política fiscal, que limita el déficit y ayuda a gestionar adecuadamente la gigantesca deuda pública que dejó el pasado Gobierno”.  
Esa es una parte del primer párrafo de una columna, la cual se presta a diversos tipos de análisis gramatical y conceptual.

 Entre el PIB y empleos falta la preposición ´para´ con el fin de que hubiera sintaxis con la conjunción ´y´:  “…para el crecimiento sostenido del PIB y para la creación de empleos …”.
Después de ´empleos´ era indispensable un punto y coma o un punto y seguido, debido a que se pasa a un concepto adicional (no indispensable), del primer planteamiento.

Seguido de ´Chile y´,  la preposición demandante era ´de´, no la ´en´. Es tan obvio que se observa que el columnista escribió previamente: “… ha sido la historia de Chile…”, no ´en chile´.
Continuando ese curso y terminando en América Latina, entonces dice que “basado en la ley de responsabilidad y transparencia fiscal”. Llegado a este punto el lector no encuentra con que relacionar ese “basado”, porque además de que ese participio en ese contexto tenía que estar en plural, debido al estilo de la exposición le resulta cuesta arriba identificar a credibilidad fiscal, con los criterios de responsabilidad y transparencia fiscal.

Refiriéndose a la ley de responsabilidad y transparencia fiscal, dice que “Aunque en República Dominicana no la tenemos, hay evidencia de que se sigue una regla para la política fiscal, que limita el déficit y ayuda a gestionar adecuadamente la gigantesca deuda pública que dejó el pasado Gobierno”.
Si hablamos de que en la RD no hay una ley de responsabilidad y transparencia fiscal, pero que contamos con una regla para la política fiscal que gestiona adecuadamente, etc., entonces en el país sí se aplican normas que necesariamente tienen que proyectar credibilidad en el sistema fiscal.

En esto la contradicción es evidente y por tanto la implícita crítica se cae por su propio peso.
La comprensión de ese párrafo podría calificarse de inducción o de deducción por su falta de precisión y claridad. Veamos si esto era posible con los mismos elementos, sin caer en puritanismo ni nada por el estilo:

La credibilidad de la política fiscal es fundamental para el crecimiento sostenido del PIB y para la creación de empleos. Esa ha sido la historia de Chile y de otros países de América Latina, que se han basado en la ley de  responsabilidad y transparencia fiscal. Empero, aunque en la República Dominicana no tenemos ese marco legal, hay evidencias de que se sigue una regla para la política fiscal, que limita el déficit y ayuda a gestionar adecuadamente la gigantesca deuda pública que dejó el pasado Gobierno. 
No, no es cuestión de estilo particular, sino de afinamiento lingüístico.

De la columna de una ex juez y celebrada novelista
(En el trabajo analizado la profesional se refiere, entre muchos otros temas entremezclados, a una  supuesta incapacidad y despiste en general de los políticos dominicanos del momento).

He aquí dos de sus planteamientos en el trabajo:
“A pesar del intento para lucir avantgarde y complacer minorías, la intención contradice la actitud de algunos protagonistas”.

Se le olvidó a la polifacética dama que en español contamos con equivalentes vigorosos y actualizados de ese anglicismo, cuales son vanguardia, vanguardista, moderno, modernista, revolucionario.
Otro:

“La adscripción a un partido político no tiene la impronta que tuvo antes”.
Por mucho que se force la imaginación no se encuentra la manera de relacionar ´impronta´ con el significad de una adhesión a un partido político.

Tanto el diccionario de la Academia como el Larouse, asientan que ´impronta´ significa relieve, huella. Y no es posible que la sola inscripción de alguien a una organización política, comience dejando huellas, que interpretado en sentido figurado (metafóricamente) produzca hechos trascendentales, historia. De ahí que se haya escrito de alguna personalidad fallecida que su impronta es esto o lo otro.
Leyendo el extenso artículo de unas seiscientas palabras, sale a relucir que la escritora con eso de ´impronta´ lo que trató de expresar era que en tiempo  pasado las personas se reclutaban en un partido motivadas por razones ideológicas o de auténtica simpatía por alguna otra razón, mientras que en la actualidad lo hacen por conveniencia material.

“Muere asesinado futbolista en Colombia”

 (Noticia publicada el 20 de octubre de 2011 en ´El Diario/La Prensa´ de Nueva York, despachada por la EFE desde Bogotá, Colombia).

 BOGOTA/EFE – El delantero colombiano Edison Hipólito Chará, asesinado la madrugada de este miércoles cuando visitaba su país, tuvo en el futbol peruano su segunda casa, tras jugar en varios equipos de ese país como el Cienciano, el Sporting Cristal y el Juan Aurich, entre otros.

 Después de esa entrada pasaron cinco párrafos más que incluyeron 187 palabras, para el reportero(a) volverse a ocupar de las circunstancias que tuvieron que ver con la muerte del deportista.

 Todo ese demás material nuestro(a) periodista lo utilizó para describir la vida deportiva del fallecido, algo sencillamente inaudito, habida cuenta que tratándose de una persona popular de por sí el público lo que más desearía era conocer las razones y demás hechos que rodearían su asesinato. Incluso en ese mismo primer párrafo el corresponsal solamente se valió de 16 términos para referirse a la muerte, ¡y 28 para ya hablar de la historia futbolística del  malogrado atleta!

 Si la nota hubiera sido escrita varios días después del hecho tendría plena justificación, pero el escrito fue difundido el mismo día de la tragedia. Si hubiese sido luego entonces se trataría de recrear las hazañas de quien en vida era querido por los amantes del futbol colombiano y peruano, y cuando menos estimado por los fanáticos de esa disciplina de otros países.

 
Problemas del número en columna de farándula

 “La radio y la televisión dominicana está colmada de programas donde las mujeres son las grandes protagonistas…”.

 Es increíble que la editora de una sección de farándula de un diario fallara tan repetidamente sobre el manejo del número, o sea del singular y el plural.

 Si escribió dos nombres o sustantivos, “la radio y la televisión”, los elementos del predicados tenían que estar en plural para concordar con ese número de dos. Por lo tanto debió de decir: “La radio y la televisión dominicanas están colmadas de…”.