sábado, 28 de abril de 2012

El fracaso de los articulos de opinion


El fracaso de los artículos de opinión,
o cuando María lavaba en el río y se le fue el jabón.

Para comenzar hablando claro lo hacemos afirmando lo que debería ser al final en este artículo –precisamente- de opinión: que al 99% de los mismos nadie lo lee, o que cuando menos escasas personas se dedican a ponerles atención.  

Nos explicamos:

Un artículo de opinión, sea un escrito esporádico o una columna fija, es una elaboración con uno de dos propósitos fundamentales: o para ofrecer una orientación sobre un asunto de interés público, o para dar a conocer abiertamente cuál es la postura del que escribe sobre ese asunto de interés público.

Ahora, se entiende que todo trabajo de esta índole encierra implícitamente ambos propósitos, pero consciente o subconscientemente el articulista está más motivado por una vertiente que por la otra. También puede haber el tercer fin, sin soslayo de aquellas dos, de atraerse la simpatía de un personaje o de una entidad, que puede ser tanto en el área política o de otro tipo.

Empero, si usted no goza de nombradía por no ser un reconocido especialista en un campo del saber humano, como por ejemplo en cardiología, sismología, economía,  astrofísica, arqueología, etc., o si no ha escalado la nombradía (en sus respectivas esferas) de los Juan Bolívar Díaz Santana, Miguel Guerrero, José Rafael Lantigua, Tony Raful, Bernardo Vega, Sergio Ramírez, Andrés Oppenheimer, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Federico Henriquez Gratereaux, Bruno Rosario Candelier o de otras reputadas figuras, sus análisis se esfumaran en el aire, sin el asiento de ninguna otra mente fuera de la suya, salvo las excepciones que rompen las reglas.

El razonamiento de ese aserto estriba, primero, en que no es discutible que las masas no leen (sin importar su grado de escolaridad), y en segundo lugar, que los potenciales lectores de los artículos de los profesionales promedios dentro de sus áreas, son personas o de su grado de capacidad, o de una categoría mayor. Y cuando un posible lector se encuentra con una escritura de alguien de su propio nivel, no se interesa por prestarle atención por considerar que nada podría aprender de la misma; y peor sucede si quien se topa con dicho trabajo es alguien de un mayor intelecto. Éste simplemente considerará que sería una perdida de tiempo enfocarse en tal materia. Esto, sin importar el tema que trate, que conste.


He ahí los tremendos desafíos que tienen por delante quienes no hayan alcanzado un alto pedestal público y se avientan a escribir artículos de opinión.

Si no eres un personaje de prestigio no te leen porque consideran que no tienen nada que aprender de ti; y asimismo si no eres un personaje de renombre a nadie le interesa saber cuál es tu postura sobre un asunto dado. Que eres un valor humano, un titulado, alguien preocupado por los problemas que atañen al país o al mundo, todo eso es harina de otro costal. Por mucho que presumas, que grites y patalees, perdóname, no te leerán. Incluso el que tenga muchos años bregando en los medios de comunicación de masas, eso no te garantiza nombradía.

A todo esto hay que considerar la calidad del escrito, de si es una prosa limpia, gramatical, sintáctica, precisa, directa, sin tediosas reiteraciones, sin zigzagueos, sin criterios contrapuestos unos contra otros, etc., etc.

Ahora, no todo esta perdido, siempre se puede encontrar un flanqueo para alcanzar un objetivo en la vida. De hecho, si se mira bien, gran parte de los éxitos del ser humano se deben a los ángulos que descubrieron para triunfar: David, pequeño,  con una honda contra el gigante Goliat; Aníbal, por los helados y abruptos Alpes pone de rodilla al Imperio Romano; Eisenhower, por Normandía, en lugar de otra costa por donde lo esperaba Hitler; Pizza Domino, con su dinámico delivery caliente frente a la poderosa Pizza Hut; Aple, con su computadora personalizada  -PC- ante la todopoderosa IBM, y así por el estilo.

Sin darle muchas vuelvas a la noria del asunto, ¿cuál es el flanco más efectivo para lograr lectura para los artículos de opinión, ¡incluso hasta para los afamados!?, ¡escribir corto, con brevedad! Esa es la primera de las formulas de oro y el secreto más práctico para conseguir el objetivo.

Un artículo de opinión que no pase de 300 palabras tiene posibilidades de ser leído por algunas personas; si solamente lleva 250 palabras mucho más, y si se limita a 150, ya se puede hablar de éxito. Porque es que el problema para que una opinión escrita logre la atención del público, no solamente reside en lo trascendental –incluso- que sea quien lo calce, ¡sino que hoy en día la gente no cuenta con tiempo para dedicarlo a lo que piensan otros, además de escuchar lo que ellos mismos piensan, lo que piensan sus parejas, sus hijos, sus compañeros de trabajo o sus jefes! La premura con que corre la vida al presente no alcanza para mucho.

Otra condición para acercarse a la meta reside en la calidad de la estructura del artículo, como ya dijéramos, en su pureza gramatical y sintáctica y en la hilvanación de las concepciones que se exponen. Y finalmente está el título, de si es preciso e impactante, o si vago, rebuscado y de pretensiones literarias o filosóficas.

Ahora bien, si el escrito es de carácter investigativo, con datos entre otros como cifras del tema de que trata, fechas y menciones de personajes y entidades envueltos en el asunto dado, entonces escriba cuanto quiera, que no solamente lo van a leer los interesados al respecto, sino que además lo van a archivar para consultarlo en el futuro.

Un ejercicio de síntesis.

Ahora bien, ese artículo, de 948 palabras, del cual presumimos que no tiene desperdicios, de estar bien estructura, conciso, y de contar con un alto nivel gramatical y sintáctico, ¿es posible reducirlo en gran proporción sin qué sus premisas pierdan su esencia, con tal de hacerlo atractivo para potenciales lectores en un medio de prensa?  Intentémoslo.


El fracaso de los artículos de opinión

Para comenzar hablando claro lo hacemos afirmando lo que debería ser el final en este artículo –precisamente- de opinión: que al 99% de los mismos nadie lo lee, o que cuando menos escasas personas se dedican a ponerles atención.

Nos explicamos:

Un artículo de opinión, sea un escrito esporádico o una columna fija, es una elaboración con uno de dos propósitos fundamentales: o para ofrecer una orientación sobre un asunto de interés público, o para dar a conocer abiertamente cuál es la postura del que escribe sobre ese asunto de interés público.

Ahora, se entiende que todo trabajo de la índole que tratamos encierra implícitamente ambas proyecciones, pero consciente o subconscientemente el que lo elabora está más motivado por una vertiente que por la otra. También puede haber el tercer propósito, sin soslayo de aquellas dos, de atraerse la simpatía de un personaje o de una entidad, que puede ser tanto en el área política o de otro tipo.

Empero, si usted no goza de nombradía por no ser un reconocido profesional en un campo del saber humano, como por ejemplo en cardiología, sismología, economía,  astrofísica, arqueología, etc., o si no ha escalado la nombradía (en sus respectivas esferas) de los Juan Bolívar Díaz Santana, Miguel Guerrero, José Rafael Lantigua, Tony Raful, Bernardo Vega, Sergio Ramírez, Andrés Oppenheimer, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Federico Henriquez Gratereaux, Bruno Rosario Candelier o de otras reputadas figuras, sus análisis se esfumaran en el aire, sin el asiento de ninguna otra mente fuera de la suya, salvo las excepciones que rompen las reglas.

El razonamiento de ese aserto sobre el comunicador que no sea del tipo de aquellas destacadas figuras, estriba, primero, en que no es discutible que las masas no leen (sin importar su grado de escolaridad), y en segundo lugar, que los potenciales lectores de los artículos de los profesionales promedios dentro de sus áreas, son personas o de su grado de capacidad, o de una categoría mayor. Y cuando un posible lector se encuentra con una escritura de alguien de su nivel intelectual, no se interesa por prestarle atención por considerar que nada podría aprender de la misma; y peor sucede si quien se topa con dicho trabajo es alguien de mayor intelecto. Éste simplemente considerará que sería una perdida de tiempo enfocarse a verlo. Esto, sin importar el tema que trate, que conste.

Ahora, no todo está perdido, siempre se puede encontrar un flanqueo para alcanzar un objetivo

Un artículo de opinión que no pase de 300 palabras (inclusive hasta para los afamados) podría ser leído por algunas personas; si solamente lleva 250 palabras mucho más, y si se limita a 150, ya se puede hablar de éxito. Porque es que el problema para que un trabajo de opinión logre la atención del publico, no solamente reside en lo trascendental que sea quien lo calce, ¡sino que hoy en día la gente no cuenta con tiempo para dedicarlo a lo que piensan otros, además de escuchar lo que ellos mismos piensan, lo que piensan sus parejas, sus hijos, sus compañeros de trabajo o sus jefes! La premura con que corre la vida al presente no alcanza para mucho.

Ahora bien, si el escrito es de carácter investigativo con datos como cifras del tema de que trata, fechas y menciones de personajes y entidades envueltos en el asunto dado, entonces escriba cuanto quiera, que no solamente lo van a leer los interesados al respecto, sino que además lo van a archivar para consultarlo en el futuro.

Observación:
De 948 palabras con que cuenta el artículo original, fue reducido a solamente 600, ¡348 caracteres menos sin mayor menoscabo de la parte esencial del mensaje!, aunque lógicamente con pérdidas de algunas partes que lo sustentaban con más amplitud y que lo hacían más atractivo como pieza académica.  .


Una mayor sintetización:

Tratemos de sintetizar todavía más el trabajo original, cuidando de mantener su tesis fundamental, aunque a sabiendas que en el intento se marginarán valiosas ilustraciones;  mas si fuera publicada solamente esta parte ¿qué lector se enteraría que también llevaba otras conceptualizaciones y hasta graciosos giros?


El fracaso de los artículos de opinión

Para comenzar hablando claro lo hacemos afirmando lo que debería ser el final en este artículo –precisamente- de opinión: que al 99% de los mismos nadie lo lee, o que cuando menos escasas personas se dedican a ponerles atención.  

Nos explicamos:

Un artículo de opinión, sea un escrito esporádico o una columna fija, es una elaboración con uno de dos propósitos fundamentales: o para ofrecer una orientación sobre un asunto de interés público, o para dar a conocer abiertamente cuál es la postura del que escribe sobre ese asunto de interés público.

Empero, si usted no goza de prestigio por ser un reconocido especialista en un campo del saber humano, como por ejemplo en cardiología, sismología, economía, etc., o si no está en las esferas de los Juan Bolívar Díaz Santana, Miguel Guerrero, José Rafael Lantigua, Tony Raful, Bernardo Vega, Sergio Ramírez, Andrés Oppenheimer, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Federico Henriquez Gratereaux, o de otras reputadas figuras, sus análisis se esfumarán en el aire, sin el asiento de ninguna otra mente fuera de la suya, salvo las excepciones que rompen las reglas.

El razonamiento de ese aserto sobre el comunicador que no sea del tipo de aquellas  destacadas figuras, estriba, primero, en que no es discutible que las masas no leen (sin importar su grado de escolaridad), y en segundo lugar, que los potenciales lectores de los artículos de los profesionales promedios dentro de sus áreas, son personas o de su grado de capacidad, o de una categoría mayor. Y si un posible lector se encuentra con un escrito elaborado por alguien de su nivel intelectual, no se interesará por prestarle atención porque considerará que nada podría aprender del mismo; y por igual sucede si quien se topa con dicho trabajo es alguien de mayor intelecto.

Ahora, no todo esta perdido, siempre se puede encontrar un flanqueo para alcanzar un objetivo en la vida.

Un artículo de opinión que no pase de 300 palabras (incluso de los mismos afamados) podría ser leído por algunas personas; si solamente lleva 250 palabras mucho más, y si se limita a 150, ya se puede hablar de éxito. Porque es que el problema para que un trabajo de opinión logre la atención del publico, no solamente reside en lo trascendental de quien lo calce, ¡sino qué hoy en día la gente no cuenta con tiempo para dedicarlo a lo que piensan otros, además de escuchar lo que ellos mismos piensan, lo que piensan sus parejas, sus hijos, sus compañeros de trabajo o sus jefes! La premura con que corre la vida al presente no alcanza para mucho.

Ramón Colombo, en El Caribe de Santo Domingo ofrece su opinión diariamente en menos de cien palabras, y damos por supuesto que el 80% de los usuarios del órgano lo lee por su brevedad.

Observación.- A la cifra original del artículo de 948 palabras, esta vez la bajamos a solamente 482, ¡o sea 466 menos! Con ello fue eliminado  un considerable número de  ilustraciones y a pesar de ello el análisis mantiene su enunciado esencial. Esto indica que si  desde un principio se hubiera tenido la meta de escribir un trabajo de no más de 300 caracteres, la estructuración se hubiera hilvanado paso a paso hacia esa medida. De esta manera quedan desmentidas las afirmaciones de muchos de que no pueden escribir con brevedad, arguyendo que no les alcanzaría el espacio para dar a entender su parecer sobre un tema dado.



Del recuerdo



La toma de la izquierda durante unos comentarios sobre asuntos públicos en el programa Realidades por el Canal 35 (Time Warner) de Nueva York en el 2007, y a la derecha mientras dictaba una conferencia sobre periodismo en la Universidad Tecnológica de Santiago en el 2005.

El fracaso de los articulos de opinion

lunes, 2 de abril de 2012



Errores de punuación con vocativos, introducciónes, incisos y complementos.

Juntamente con el uso de las puntuaciones en los vocativos, introducciones, incisos y complementos es donde más se incurre en errores en los escritos, dando incluso lugar a interpretaciones diferentes de lo que se quiso significar.
Nos referimos en especial al llamado con el cual nos dirigimos a una persona, o a la ampliación de un concepto, en referencia a un animal o cosa, al comenzar un texto.

Ejemplo:

No significa lo mismo escribir: Juan, debes  regresar temprano a la casa. Que: Juan debes regresar temprano a la casa.

En el primer caso nos dirigimos personalmente a alguien que esta al alcance de nuestra voz. En el segundo nos referimos a Juan con otra persona con quien estamos en contacto.
Lo mismo sucede cuando escribimos a otra persona de manera coloquial, sea en segunda o tercera persona.
-Petronila, tú sabes que te amo mucho. Correcto; y no: -Petronila tú sabes que te amo mucho.

-Gumersinda, te estuve llamando y no logre encontrarte. Correcto; y no: -Gumersinda  te estuve llamando y no logré encontrarte.

-¡Óyete, te puedes ir al diablo! Correcto; y no: -¡Óyete te puedes ir al diablo!

-Mira, espera mi llamada. Correcto; y no: -Mira espera mi llamada.

-Señor, le agradezco que me haya duplicado el sueldo. Correcto; y no: -Señor le agradezco que me haya duplicado el sueldo.

Es fácil observar que el vocativo implica un llamado de atención, primero, para luego continuar con lo que se quiere comunicar; además de la necesidad que se tiene de respirar después que se hace la señalización, por lo que la norma gramatical requiere de una coma para marcar el compás correspondiente.

En los casos donde no se emplean las comas después del llamado, tal como ya dijéramos, el anunciado da una connotación diferente a lo que se quiso expresar.

Cuando expresamos Mira espera mi llamada (así, sin la separación de regla), se da a entender que Mira, en lugar de ser una locución preposicional, se convierte en el nombre de una persona de quien hablamos con otra.

Y con la indicación de ¡Óyete te puedes ir al diablo! (por igual sin separación de tiempo) verdaderamente no estamos significando absolutamente nada, salvo un grito alocado. Porque si cuando menos cambiamos el pronombre te de segunda persona, por el pronombre se de tercera persona reflexivo, entonces sí le damos sentido a la oración, ya porque se lo confesemos a un tercero(a), o por un exabrupto que emitamos a solas.

De un reconocido cronista de farándula:

Parece mentira, pero hoy día existen más locales y edificaciones…

La introducción del tema está correctamente encomada, aunque no así la locución pero hoy día, ya que la norma es pero hoy en día, o en el día de hoy

Mas es bueno notar que para un llamado de atención con acierto lingüístico, necesariamente no tiene que ser con un nombre, sustantivo o pronombre, podría ser con una locución preposicional como la señalada más arriba, o de otro tipo.

Veamos este rejuego trabajado con mucho acierto del apelativo, así como de las reiteraciones en un despacho de Efe desde Francia:

París. EFE.- Carla Bruni, la esposa del presidente francés, Nicolas Sarkozy, se quejó, en un mensaje dirigido a los medios de comunicación, de las fotografías publicadas de su hija Giulia…

Notemos como las reiteraciones o incisos –elementos ilustrativos, pero no rigorosamente indispensables en un escrito-, están separadas de las partes que son la esencia de la noticia. Por ejemplo, mencionar el nombre del mandatario juega un papel importante, pero no imprescindible para entender el curso del párrafo. Lo mismo sucede con la mención de que se quejó a los medios de comunicación, subrayado por igual justificable, pero por igual no indispensable. Hagámoslos sin esas puntualizaciones:

“Carla Bruni, la esposa del presidente francés, se quejó de las fotografías publicadas de su hija Giulia”.

El hecho de que la nota saliera de París, ya da una comprensión del panorama socio-geográfico donde sucede el caso. Y cuando la primera dama gala se queja de la publicación de fotos de su hija, se da totalmente por entendido que ha sido en los medios de comunicación de masas, y no el boletín de una parroquia o escuela, y mucho menos en un mural. Casos estos últimos que le daría una connotación extraordinariamente especial al reclamo en cuestión.

Ahora, hay que aclarar que el comienzo de una noticia con una glosa tan escueta como la que reescribimos,  contaría con subsiguientes partes donde se ampliarían los detalles inherentes al caso.

¿Observó cómo acomadamos la conjunción adversativa ahora al comenzar la parte anterior? Lo hicimos porque el vocablo implica un llamado de atención a lo que a continuación pasaríamos a subrayar. Si no lo hubiéramos puntualizado, la palabra pasa  de una conjunción a un adverbio de tiempo, con lo cual significaríamos que después de unos hechos tratados anteriormente, ahora hay que aclarar que…

(En otro sentido véase el cuidado que hay que tener con la gramática, en un principio escribimos ´Y cuando la primera dama galés…´. Pero después nos pusimos a reflexionar si el gentilicio galés era apropiado para un oriundo de Francia, o sólo de el País de Gales, región autónoma del Reino Unido (Inglaterra). Y en efecto constatamos que galés se refiere a Gales y no a la patria de Sarkozy, y que sin embargo los adjetivos galo y gala son los que designan a los oriundos de Francia. Por eso tuvimos que incurrir en la cacofonía de dama gala. La confusión estriba en que en la antigüedad gran parte de lo que es hoy Europa, el Imperio Romano la llamaba Galia; pero por igual durante esa etapa histórica se desarrolló, con su lengua y todo un bagaje idiosincrático, la nación Cymru (en celta), llamada luego Wales, en inglés, y Gales en español. De Galia, galo, gala, la cultura lo fue restringiendo exclusivamente a Francia. Ahora bien, desde el punto de vista etimológico es posible que la denominación del pasado de ese último país, también podría caberle con propiedad el gentilicio de galés a sus habitantes, mas tal tema se lo dejamos a otros para que lo discutan).

Regresamos.

Párrafo interno de una noticia relacionada con un asesino en serie precisamente en la ciudad francesa de Toulouse:

“Acorralado por los oficiales en su apartamento en esa ciudad del sur de Francia ha dicho a los agentes que se rendirá al final de la tarde, informó el fiscal jefe de París, Francois”.

Es fácil advertir la falla en que incurre el (o la) corresponsal al no pausar con una coma la introducción que termina en Francia, pues además de que constituye un preámbulo con un cierto sentido estructurado, el lector necesariamente tendría que parar a su término para respirar.

(Por cierto que a ese musulmán –dato que se supo posteriormente-, asesino de escolares y de otras personas inocentes, le solucionaron su problema con un plomo en la cabeza).

Una presentación pausada abruptamente:

“Los regidores Mélido Guzmán, Áulio Collado Anico, Domingo Ureña, Juan de Dios Almonte, entre otros; alegan que el alcalde no está cumpliendo con la ley…”.

La introducción de la parte esencial de la noticia, la cual pausa con entre otros, es cortado abruptamente con ese punto y coma. Esta puntuación tiene parte de la coma y el punto; cierra bastante el sentido de lo que se estaba diciendo, para pasar a otro asunto, aunque relacionado con la oración que lo precede. El punto y coma es una esclusa que, aunque con filtración, interrumpe el fluir de la idea que previamente se expone.

Aprovechemos para analizar ese punto y coma que colocamos en esa parte reiterativa de ´ya que esta puntuación tiene parte de la coma y el punto;´… Y seguimos con ´cierra bastante el sentido de lo que se estaba diciendo´ … La cadencia de esa primera parte que subrayamos en este mismo párrafo, no necesita para entenderse bien del otro complemento que también seleccionamos, pues tiene todo su sentido completo, ¡e incluso la explicación que damos en esa parte de más arriba podría terminar ahí, sin mayores argumentos. (No sea vago(a) y vuelva a reeler todo lo que antecede para una comprensión cabal de la explicación, ¡coñazo!).

Luce que el redactor(a) consideró que después de tantas comas para separar los nombres que menciona, ya era tiempo de cambiar la puntuación, así de simple.

Norma: Nunca se debe pausar un enunciado con un punto y coma, si esa parte necesita indispensablemente de una segunda para su complemento. Lo que  puede  seguir después de ese signo, es una idea, un pensamiento, un planteamiento que reitera o subraya lo que se acaba de decir, pero jamás una oración completiva  de la principal.

Nos puede servir de ejemplo ilustrativo el estilo de los periodistas y escritores norteamericanos, que donde los hispanos colocamos correctamente un punto y coma, ellos marcan con un punto y seguido.

¿Qué os parece si en los lugares dónde pausamos con comas en esa glosa anterior lo hubiéramos hecho con punto y coma, cuándo en las dos ocasiones necesitábamos imperiosamente de esos predicados suplementarios para explicar la parte introductoria?

Editorial de un diario hispano de Nueva York:

“La semana pasada la minoría republicana del Senado obstaculizó otra vez un proyecto demócrata promovido desde la Casa Blanca con una maniobra parlamentaria”.

Todo un párrafo informativo y con valores de juicio compuesto por cinco elementos de peso, pero sin pausa. Elementos: La semana pasada – la minoría republicana del Senado – obstaculizó  otra vez un proyecto demócrata – promovido desde la Casa Blanca – con una maniobra parlamentaria.

El argumento analítico evidentemente tenía que pausar en Casa Blanca, para seguir con el juicio de ´con una maniobra parlamentaria´. Tanto es así que la oración podía haber terminado con un punto en Casa Blanca y quedaba con su sentido completo.

La leche

“Por lo menos 43,436 familias de escasos recursos económicos de diferentes barrios del Distrito Nacional se benefician con la leche que distribuye de manera gratuita  el Gobierno, a través del Ministerio de Salud Pública”.

Hasta Distrito Nacional todo el material forma parte de todo un cuerpo, por lo que requería la coma para entonces continuar con lo siguiente. Lo que no requería ninguna puntuación era Gobierno, porque el entroncamiento entre este y una rama suya es indivisible; de manera tal que no se podría decir el Ministerio de Salud Pública del Gobierno, o que pertenece al Gobierno, etc., etc.

Fuera del vocativo o llamado con que iniciamos un escrito, tal como -Juan, esto y lo otro…  -María, esto y lo otro… - Señor, esto y lo otro… - Mire, esto y lo otro… -Mira, esto y lo otro…  -Chica, esto y lo otro…  -Chico, esto y lo otro… -Mi amor, esto y lo otro. etc., etc., o en su lugar con una introducción compuesta por varios valores, la física nos puede ayudar de cuándo debemos pautar con una coma, ya que la necesidad de aire de los pulmones nos indica de cuándo debemos respirar después de una lectura de varias palabras. Pero siempre debemos asegurarnos de que el preámbulo ya tenga bastantes elementos apropiados para el discurrir del pensamiento de lo que se trata.

Además, hay que considerar que… Además de Juan estaban Pedro, Antonio…

Quizás el término con el que más se confunden comunicadores habituales y escritores es con además, ya que el mismo en ocasiones puede ser adverbio de cantidad o una frase preposicional con la partícula de.

Cuando se utiliza como adverbio de cantidad demanda una coma para su correcta comprensión, ya que con el mismo se da paso a otra conceptualización de lo que previamente se estaba diciendo: -Por lo que te explique no creo que Francisco se lance a esa candidatura debido a que no es suficientemente popular; además, hay que tomar en cuenta que el contrincante dispone de muchos más recursos que él . –Por lo que se sabe el sospecho del hecho es su marido. Además, ya éste había incurrido en actos de violencia contra su ella.

Pero como dijéramos, cuando lo usamos como frase preposicional no lleva puntuación, porque con el mismo agregamos valores diferentes a otros que a continuación mencionaríamos: -Además de lo espectacular que estuvo la soprano, Petronila Copa de Cristral, también se lució bastante el barrendero del escenario.  –Además de las bellas carrozas del desfile, participaron muchos conjuntos musicales.  –Además de los vegetales, en la carga había dos kilos de cocaína.

Es obvio ver como en esas oraciones la palabra en cuestión no la podríamos separar del resto de la oración con una coma. La pista que debemos seguir para asegurarnos cuándo además es adverbio de cantidad o preposicional, es cuando demanda el uso de la preposición de. Caso éste, como hemos reiterado, en que no lleva coma y pasa a la otra valoración.

  • Petronio leía, mientras, Gervasia cocinaba.
  • Hasta ese momento todo seguía su curso normal. Tanto era así que mientras Petronio leía Gervasia cocinaba tranquilamente.

Cuando mientras se usa como adverbio de tiempo debe de ir separada por una coma, pero si es usada como conjunción temporal no, porque en ese situación expresa simultaneidad entre las acciones de las oraciones principal y subordinada: No podré pensar bien mientras en el ambiente haya tanto ruido./ No puedo pensar bien porque en el ambiente hay mucho ruido.

En ese caso simplemente una conjunción sustituye a otra de su categoría, aunque hubo que modificar la estructura de la oración.

Mas lo que cuenta es que mientras, como conjunción, une de manera indisoluble –si se puede expresar así-  el sentido o la acción de la primer parte con la que sigue. Cosa que no sucede si a mientras la usamos como adverbio de tiempo.

Para una mayor comprensión de cuándo nos encontramos en el escribir con esa última indicación lingüística, es pensando en la locución mientras tanto, que por igual va encerrada con comas: Las hijas, Amaya y Acasia, usaban la computadora, mientras tanto, sus padres veían la televisión.

Pero si dentro de esa situación usáramos a mientras como conjunción, es porque en ese ambiente está ocurriendo algo muy diferente a la placidez descrita:

Las hijas, Amaya y Acasia, usaban la computadora mientras sus padres se conformaban con ver la televisión.

Pero también en el orden de la conjunción podríamos describir un ambiente tranquilo:
Mientras las hijas Amaya y Acasia usaban la computadora, sus padres veían televisión.

Es bueno aprovechar para joder un poco más con la importancia de las puntuaciones; que no pueden usarse caprichosamente, e incluso como algo decorativo, tal como sucede con no pocos comunicadores de diferentes niveles.

Por otra parte es bueno notar, una vez más, cómo el uso o no de la coma produce connotaciones diferentes en un mismo escrito. En la oración en la que no se encierran entre comas los nombres de las hijas, queda entendido que sus padres tienen más hijos, pero que quienes usan en ese momento el equipo en cuestión son sus hijas Amaya y Acasia. Pero si en cambio separamos ambos nombres con comas, queda significado que la pareja cuenta solamente con esas procreaciones. (¿Capire, cabrones, hembras y machos?).



De recuerdo:




El gesto pertenece a un momento cuando haciéramos un comentario en años atrás en el programa Realidades por el Canal 35 (Time Warner) de Nueva York. Espacio al cual seguimos perteneciendo en condicion de cofundador conjuntamente con su director, la compañera Zunilda Fondeur. Después, cuando éramos felicitado por funcionarias del consulado dominicano en la Gran Manzana, a raíz de ser exaltado al Salón de la Fama Casandra Damirón, cuya galería se encuentra en la delegacion mencionada